• Mon. Oct 26th, 2020

Nota al calce…

Comunicación y Tecnología

Truganini – última tasmana nativa.

Bywsanchez

Jul 14, 2020

En estos días estuve releyendo un libro que me impacto mucho del autor hebreo, Yuval Noha Harari. El libro “Sapiens – de animales a dioses”. Harari es profesor universitario de historia de la Universidad Hebrea de Jerusalén. Estaba releyendo la Parte V – La revolución científica y especificamente el capítulo 15 sobre “El matrimonio de ciencia e imperio”. Realmente, interesante como Yubal nos plantea que la Royal Society de Londres en 1761 y 1769, envía esta expedición.

La Roral Society envió a un eminente astrónomo, Charles Green a Tahiti, y en ese momento no se escatimó en esfuerzos ni dinero. Al ser una expedición tan costosa, a Green lo acompañó un equipo de unos otros ocho científicos de diversas disciplinas, encabezados por los bótanicos Joseph Bank y Daniel Solander. Le acompañaron artistas que tenían la misión de realizar dibujos de las nuevas tierras, plantas, animales y personas que los científicos seguramente encontrarían en su travesía. La misión estaba al mando del capitán James Cook, un marinero experimentado, así como un consumado geógrafo y etnógrafo.

La expedición sarpó de Inglaterra en 1768 y observó el transíto de Venus desde Tahiti en 1769, exploró varias islas del Pacífico, visitó Australia y Nueva Zelanda y regresaron a Inglaterra en 1771. Sus descubrimientos supusieron contribuciones importantes a varias disciplinas, estimularon la imaginación de los europeos con asombros y relatos del Pacífico Sur e inspiraron a futura generaciones de naturalistas y astronomos.

Posteriormente, la Royal Society financió parte de otra expedición, pero en esta ocación el barco lo había proporcionado la Royal Navy. La armada contribuyó con 85 marinos bien armados y equipó al buque con artillería, mosquetes, pólvora y otros armamentos. Como era de esperarse, gran parte de la información reunida por la expedición (en particular los datos astronómicos, geográficos, meteorológicos y antropológicos) eran de un gran valor político y militar evidente.

Eventualmente, el capitán Cook reclamó para Gran Bretaña muchas de la islas y tierras que él “descubrió” en especial a Australia. La expedición de Cook sentó las bases de la ocupación británica del océano Pacífico sudoccidental; de la conquista de Australia, Tasmania y Nueva Zelanda; de la instalación de millones de europeos en las nuevas colonias; y del exterminio de sus culturas nativas y de la mayor parte de sus poblaciones autóctonas.

Realmente, impresionante como ocurrio en latinoamerica con el gobierno Español, luego de la expedición de Cook, las tierras más fértiles de Australia y Nueva Zelanda fueron arrebatadas a sus habitantes por los colonos europeos. La población nativa se redujo a un 90%, prácticamente lo que ocurrió con la población indigina en este lado del mundo por parte de los conquistadores españoles. Los sobrevivientes fueron sometidos a duro régimen de opresión racial. Para los aborígenes de Australia y los maoríes de Nueva Zelanda, la expedición de Cook fue el principio de una catástrofe de la que jamás se han recuperado como nosotros en este lado del planeta de parte de los españoles.

Un destino todavía peor corrieron los nativos de Tasmania. Después de haber sobrevivido durante 10,000 años en un aislamiento espléndido, fueron completamente aniquilados, hasta el último hombre, mujer y niño, al cabo de un siglo de la llegada de Cook. Los colonos europeo expulsaron primero de la partes más ricas de la isla a los nativos y después, codiciando incluso las tierras salvajes que quedaban, los cazaron y los asesinaron de manera sistemática. Los pocos sobrevivientes fueron acosados con perros y conducidos a un campo de concentración evangélico, donde misioneros bienintensionados pero no particularmente razonables intentaron adoctrinarlos en las constumbres del mundo moderno. Los tasmanos se esclavisaron y se negaron a aprender y se tornaron más melancólicos, dejaron de tener hijos perdieron todo interés por la vida y finalmente eligieron el único camino para huir del mundo moderno de la ciencia y el progreso: la muerte.

Los seres humanos somos devastadores, es una lastima. La ciencia y el progreso los persiguió incluso en la otra vida. Antropólogos y conservadores, en nombre de la ciencia, se apoderaron de los cadáveres de los últimos tasmanos. Fueron disecados, pesados y medidos y analizados. Después, cráneos y esqueletos fueron exhibidos en museos y colecciones antropológicas. No fue hasta 1976 que el Museo Tasmano acepto enterrar el esqueleto de Truganini, la última nativa, que había muerto cien años antes. El Real Colegio Inglés conservó muestras de su piel y pelo hasta el 2002.

El buque del capitán Cook, ¿fue una expedición científica protegida por una fuerza militar o una expedición militar a la que se unieron unos cuantos científicos? Eso es como preguntar si el depósito de gasolina de nuestro automóvil está medio lleno o medio vacío. Fue ambas cosas. La revolución científica y el imperialismo moderno eran inseparables. Un tanto irónico pero personas como el capitán James Cook y el bótanico Joseph Banks apenas podían distinguir la ciencia del imperio. Y tampoco pudo la infortunata Truganini. Creo que en esa estamos nosotros. !Qué pena! Creo que aún 500 años después seguimos en un dilema parecido.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *